Breve vistazo sobre el acontecimiento de Medjugorje
En el corazón de Herzegovina, en la ex Yugoslavia, se encuentra este pueblo croata de mil almas
situado al pie de dos colinas, Krizevac y Podbrdo. De ahí el nombre de Medjugorje, que significa
"entre las montañas". Estamos en los años 80. La población,
exclusivamente campesina, logra a duras penas sobrevivir con el arduo trabajo del tabaco y de la vid.
La situación política es altamente opresiva, la milicia comunista omnipresente. La parroquia
franciscana está animada por un "cura de fuego", el padre Jozo Zovko.
El 24 de junio de 1981, día de la fiesta de San Juan Bautista, el Precursor, sucede el acontecimiento que
logrará dar un vuelco a la vida de la aldea: algunos adolescentes ven una silueta femenina luminosa en
el caminito que bordea el Podbrdo. La señora lleva un niño en sus brazos. El 25 de junio vuelve y
revela su identidad: Soy la Bienaventurada Virgen María. El grupo de los seis videntes se forma definitivamente
con Marija Pavlovic, Vicka Ivankovic, Mirjana Dragicevic, Ivanka Ivankovic, Ivan Dragicevic y Jakov Colo.
La Gospa (Nuestra Señora en croata) volverá cada día para dar a los niños mensajes
destinados a ellos mismos, a la parroquia y al mundo: mensajes de paz, de conversión, de amor, para hacer
volver al Corazón de Dios a la humanidad que camina lejos de él, en las tinieblas. A partir de 1987,
estos mensajes son mensuales. La Gospa, además, da a cada vidente algunos secretos que serán
revelados a la hora fijada por ella, por intermedio de un sacerdote elegido por cada uno de ellos.
Muy pronto el padre Jozo cree en las visitas de la Virgen, ya que él mismo la ve un día en la iglesia.
En cambio el obispo de Mostar, monseñor Zanic, quien inicialmente había creído en las apariciones,
declara que se trata de un engaño de los franciscanos. Se inicia entonces una división que aún
perdura. En 1986, monseñor Zanic entrega al cardenal Ratzinger un informe negativo sobre las apariciones, pero
éste le retira el expediente y confía la investigación a una nueva comisión formada
por obispos yugoslavos, bajo la presidencia de monseñor Komarica (de Banja Luka). Esta comisión
permanece activa; sus trabajos aún no han terminado. En abril de 1991, acepta oficialmente a Medjugorje como
lugar de oración y aprueba el culto: las peregrinaciones privadas están autorizadas. El 21 de agosto de
1996, el Dr. Navarro Valls, portavoz de la Santa Sede, aclara la posición de Roma: "Todos pueden ir a
Medjugorje si lo desean, y los sacerdotes pueden acompañarlos".
Desde el 25 de junio de 1981, más de veinte millones de peregrinos han ido a Medjugorje para orar y convertirse,
transformando este lugar en uno de los santuarios más visitados del mundo.
Prólogo
El sendero pedregoso que baja de la colina parece más bien un río de luz arrastrando miles de llamitas
temblorosas bajo el cielo del verano. Es casi medianoche. La Gospa acaba de aparecer en el Podbrdo, y miles de peregrinos
afluyen ahora hacia la planicie de Medjugorje, para retornar a sus albergues.
En un amontonamiento caótico de taxis, autobuses y vehículos de toda clase, se oye el grito de un niño
en medio de la muchedumbre. El pequeño, que sólo tiene tres años, grita a todo pulmón.
Sus papás se sorprenden. Su comportamiento había sido absolutamente normal hasta el momento en
que se dio cuenta de que todo había terminado, de que era hora de ir a dormir. Entonces se niega a subir al taxi,
y enormes lágrimas corren por sus mejillas.
-¡Es tarde, mi amor! ¡Tenemos que regresar! -le dice su mamá.
-¡No quiero! -suplica él, irguiéndose con todas sus fuerzas.
-¿Pero por qué no quieres? No vamos a dejarte aquí solito...
La congoja del pequeño no hace más que aumentar y el llanto ahoga sus palabras. Los papás
ya no entienden nada y optan por hablarle con dulzura.
- Mira, si no quieres regresar para ir a dormir, ¿entonces qué vamos a hacer contigo?
-¡Quiero volver allá!
-¿Volver adónde, mi amor?
-¡Allá arriba!
-Allá arriba..., ¿a la colina? ¿Pero para qué? ¡Todo ha terminado!
-¡Quiero volver a verla! ¡Quiero volver a verla!
-¿Pero volver a ver a quién?
-¡A la señora!
Aquella noche fue larga para ese francesito que vivió la primera noche espiritual de su vida. Haber visto y no
ver más... ¡Pero su inconsolable pena había hablado más fuerte que todos los libros
sobre Medjugorje!
Porque Medjugorje es esto: un lugar donde los corazones comienzan a arder, ya que allí el Cielo se abre cada
día. ¡Y el gran don del Cielo es el fuego del Amor, cuyo cáliz desbordante es María!
No existen palabras que puedan expresarlo.
¿Era necesario un nuevo libro sobre Medjugorje? Ni Vicka, ni Jakov, ni Mirjana creen mucho en los libros. ¿
Por qué creería yo entonces?
Jesús nunca escribió, salvo unas pocas palabras en el suelo, como para estar bien seguro de que todo
quedaría borrado...
Creo poco en los libros sobre Medjugorje; creo en las misiones del Espíritu Santo. Creo igualmente poco en los
programas televisivos sobre los videntes; creo en el Corazón de María y en el plan de amor que ella ha
concebido para volver a llevar a todos sus hijos al Padre, por sus propios medios, siempre desconcertantes.
Para cambiar al mundo, tampoco creo demasiado en las sabias entrevistas que aparecen en los diarios en primera plana;
creo en aquellos que callan y que, sin que nadie se entere, aman a Dios hasta asemejarse a él.
Creo en los niños demasiado pequeños para hablar, pero que por su inocencia y sus sufrimientos secretos
sostienen al mundo.
La oración del corazón no se aprende en los libros, nos dice la Santísima Virgen en Medjugorje,
no se aprende estudiando. ¡Se aprende viviéndola! El realismo de la Encarnación es uno de los
rasgos más admirables de la personalidad de la Virgen. ¡Una verdadera mamá judía!
Sin embargo, habiendo aclarado lo anterior, y esperando no escandalizar a nadie, debo admitir con toda sencillez que la
Santísima Virgen me pedía que escribiera este libro con una insistencia que no pude eludir. Me resistí durante meses, tratando de apelar a sus sentimientos: "Mira todas esas horas en que yo podría estar orando por tus intenciones en lugar de estar haciendo garabatos..." Pero fue inútil; las oleadas muy suaves, pero firmes, de su pedido golpeaban sin cesar mi corazón. Tanto es así que... ¿el libro?... ¡pues aquí lo tiene hoy entre sus manos!
¡Porque tenemos que transmitir por todos los medios posibles los mensajes que María da en Medjugorje!
Ella desea que lleguen a todos sus hijos del mundo entero. ¡Y estamos todavía lejos de lograrlo!
¿Quería una nueva recopilación de sus mensajes? ¡Ya existen tantas! Pero el aspecto de
"listado" de esos libros es algo frío. ¿Más comentarios acerca de los mensajes?
Muchas revistas los publican, y algunos de ellos son excelentes. ¿Por qué entonces añadir algo más?
Lo que la Gospa me pedía era que manifestara unos "esponsales" -dos cosas que Dios ha unido y
que no corresponde al hombre separar-, a saber: la palabra que viene de lo Alto y la acción transformadora de esta
palabra en la "masa" humana. Porque si la Gospa nos habla cada mes, es tan sólo para que su palabra
acompañe y aclare su acción, su prodigioso trabajo en los corazones y en la vida de sus hijos. Ella habla. Ella actúa. ¡Esto es indisociable!
Yo tenía entonces que hacer el trabajo de un pequeño escriba que no sólo transmite los mensajes
sino que capta también los testimonios más conmovedores de lo que María realiza aquí.
En el Evangelio no tenemos una lista de las palabras de Jesús, sino todo el contexto en el cual se encarnaron sus
palabras. Gracias a los testigos, vemos vivir a Jesús, lo seguimos en la montaña, en la barca de Zebedeo,
conocemos la diversidad de quienes lo rodean, nos deleitamos con la personalidad de Pedro o el amor de María
Magdalena, nos quedamos más tranquilos con las "metidas de pata" de tal o cual apóstol...
En Medjugorje, la Virgen eligió también un contexto humano particular para recibir sus mensajes,
transmitirlos, vivirlos... Es necesario penetrar en esa encarnación para comprender los mensajes con el corazón y
encontrarse con Aquella que viene cada día con su cuerpo, su sonrisa y sus lágrimas, para ver y tocar a unos
chicos bien reales, bien croatas, bien campesinos, bien normales, y para tocarnos a nosotros también, a través
de ellos, en nuestra realidad bien humana, en nuestras alegrías y dificultades diarias.
Cada mensaje mensual va acompañado por un capítulo que cuenta una historia. Los testimonios más
hermosos son ciertamente los más humildes. Cientos de peregrinos nos escriben: "No vi, ni sentí nada
de extraordinario allí, pero de regreso a casa, empecé a orar, a amar, a poner a Dios en primer lugar. Gozo
ahora de una profunda alegría; mi vida nunca más será la misma..."
Describí principalmente algunas experiencias un tanto espectaculares, porque son ejemplares e ilustran las mil maneras
de actuar de nuestra Madre quien, para expresarnos su amor, utiliza la electrónica con la misma facilidad con que
se vale de los astros del cielo o del llanto de un niño. (Algunas veces cambié los nombres en los testimonios,
cuando el anonimato me fue requerido). Estos relatos paralelos no son siempre cronológicos; son más bien
como pinceladas impresionistas que inoculan amor y admiración por esta mujer prodigiosa que se llama María
de Nazaret, María de Medjugorje.
Este libro abarca los años 90 porque llegué a este pueblito en diciembre de 1989.
Me han preguntado:
- ¿El Triunfo del Corazón? ¿El corazón de quién?
Se trata, por supuesto, del Corazón de María, de su Corazón Inmaculado que, aquí más
que en ningún otro lugar, camina de victoria en victoria. Porque, entre todos los pueblos del mundo, Medjugorje es como
el talón de María que aplasta la cabeza de la Serpiente, en estos tiempos que son los nuestros. También
se trata del Corazón de Jesús, única fuente y único fin de las victorias de María. Y
finalmente, se trata de nuestros corazones pecadores; de su corazón, querido lector, pues no hay sombra, ni miseria, ni
secreta desesperanza que la Reina de la Paz no quiera hoy tocar en usted, para que, a semejanza de François, Karine, Colette...,
nombrados en este libro, pueda también experimentar en lo más hondo de sus entrañas que el poder del
Amor triunfa sobre todas las cosas, en toda situación, siempre y cuando usted le abra las puertas.
Sor Emmanuel
Comunidad de las Bienaventuranzas
Bijakovici, 18 de noviembre 1996
I
AÑO 1990
Mensaje del 25 de enero de 1990
Queridos hijos, hoy los invito a decidirse nuevamente por Dios y a elegirlo a él ante todo y por encima de todo! Así
Dios hará milagros en sus vidas, que de día en día se transformarán en alegría en él.
Por eso, hijitos, oren y no permitan que Satanás actúe en sus vidas con malentendidos, incomprensiones, y falta de aceptación entre unos y otros. Oren para poder comprender la grandeza y la belleza del don de la vida. Gracias por haber respondido a mi llamado.
¡Triple dosis para Raphael!
Ya cae la noche. ¡Ninguna señalización para indicar ese pueblito perdido de nombre impronunciable!
¿Existirá nomás? ¿Qué diablos estoy haciendo aquí? Yo, el sinvergüenza
convertido a baldazos de Espíritu Santo, rebautizado por inmersión en una iglesia protestante. Yo, Raphaël,
el flagelo de los católicos, en el país de los recitadores de rosarios. ¡Si el pastor me viera...! ¡Pero
yo quería saber a qué atenerme!
Entonces le dije al Señor: "¡O.K., los católicos poseen al Espíritu Santo aunque se arrodillen
a los pies de estatuas de yeso, pero quiero que tú me expliques este cuento de las apariciones de María!"
Después de Ars (Francia), nos dirigimos hacia Roma y luego a Medjugorje, sin horarios, sin programa. Somos todos uno
más protestante que el otro, salvo Pierre, un hombre de negocios en plena "depre", no creyente, con dos
tentativas de suicidio. Lo cargué en el auto junto con sus dos chicos, por miedo a que se apuñalara nuevamente
durante nuestra ausencia. Echo una miradita al retrovisor: está charlando alegremente con Alex, el "profe"
menonita (fundamentalista protestante). Catherine, una hija de Lutero, habla de trapos con mi mujer.
Súbitamente, en un recodo del camino aparecen las dos torres de esta iglesia toda blanca, clavada al costado de un
pueblo salido de la nada.
-¡No hay nada aquí, ni un hotel, ni un barsucho, ni siquiera una tienda! ¡Dos mil kilómetros para
ver esta iglesia en el medio del campo! -protesta Pierre.
Un campesino nos presta algunos metros cuadrados de sombra para armar nuestras carpas. Debemos ser discretos a causa de los
comunistas. Justo allá arriba se encuentra esa inmensa cruz monolítica, visible a varios kilómetros de
distancia. Nos organizamos. Los pobladores comparten con nosotros su agua, a pesar de la débil napa estancada en el
fondo del pozo. Hace meses que no llueve.
Todo el valle está inmerso en una luz sedosa. El tiempo parece estar suspendido bajo la cúpula pastel apoyada
sobre las montañas que la rodean.
Al día siguiente por la tarde, me pongo a leer la Biblia en la iglesia. De repente, siento una gran agitación
detrás de mí. Alguien grita algo en croata. La gente se persigna en un santiamén y sale atropelladamente
de la iglesia. ¿Alguna mala jugada de los comunistas? También salgo yo. Unas cincuenta personas miran en
dirección de la cruz del Krizevac. Abro bien grandes los ojos que se llenan de esas inmensas luces dibujadas sobre
más de un kilómetro alrededor de la cruz. El cielo danza a su alrededor, como si interminables soles de un
color azul pastel desconocido nacieran y se desvanecieran al instante siguiente. Sin embargo, allí no hay una sola nube,
y no puede ser el sol, que va en otra dirección, el que nos esté deslumbrando. ¡Ya está, me
volví loco! Miro para otro lado... ¡no es cuestión de dejarse influenciar! Todo está normal en los
alrededores. Un perro husmea el pie de un árbol. Doy un vistazo hacia arriba... ¡La danza de luces continúa
por un buen rato! Entro en la carpa, totalmente perplejo...
Al tercer día disfrutamos de un picnic a la sombra de los árboles. La conversación está de lo
más animada. Los chicos de Pierre juegan junto a un viñedo.
-¡Eh!, ¡vengan a ver!, ¡está dando vueltas!
El pequeño Michel no para de moverse a mi alrededor. Como nadie le presta atención, se impacienta y me tironea
de la manga. Me levanto para que me deje en paz.
-¿Qué te pasa?
-¡Mira!, ¡está dando vueltas!
El niño apunta con su dedito hacia la colina. Salgo de debajo de los árboles y levanto los ojos hacia la cruz.
¿Mi primer pensamiento? ¡Alucinación! La inmensa cruz está dando vueltas sobre sí
misma. Por más que me refriegue los ojos, mire mis sandalias, piense en mi empresa, agarre un puñado de
tierra dura, la cruz sigue girando, más y más rápidamente, se vuelve transparente, incluso desaparece.
Sin embargo mis neuronas parecen estar funcionando normalmente. Llamo a Alex, el "profe", discretamente,
sin alertarlo, sin decir nada. Una señal con la mano nomás...
-Dime, ¿tú ves algo?
Alex hace una mueca y sus anteojos pegan un salto hasta la punta de su nariz.
-¡No puede ser...! ¡¡¡La cruz está dando vueltas!!!
-¡Cállate!, ¡no digas nada!
Llamo a los demás, sin contarles lo que sucede. Y en cuestión de segundos estamos todos contemplando el
fenómeno que se prolonga por alrededor de un cuarto de hora..., reloj en mano.
Muchas veces andamos con el torso desnudo en el campamento. Pierre tiene una larga cicatriz a causa del cuchillo que quiso
clavarse en el abdomen después de que lo dejara su mujer. Se acerca a mí, estupefacto.
-¡¡¡Mira!!!
La cicatriz prácticamente ha desaparecido
¡Estoy apabullado con esta avalancha de señales! "No, Señor, no puedo rezarle a María,
recitar oraciones como quien declama cien veces la misma poesía. Permite que asista a una aparición en la capilla.
Yo sé que esto está reservado a los religiosos, ¡pero tú lo puedes todo!"
Por la tarde, espero cerca de la puerta de la capilla. Un franciscano está de guardia. Oro interiormente. Alguien me agarra
de la manga; es el monje. Me dice algo que no entiendo y me empuja hacia el interior de la capilla. Me encuentro justamente en
primera fila cuando llegan los videntes. Le pido a Dios que me guarde del Maligno. Los videntes comienzan a rezar el Avemaría.
Observo con disimulo a la gente sumergida en esa oración. Luego se produce un gran "bum" y, con una
sincronización perfecta, los videntes caen de rodillas, como si les hubieran cortado las piernas. ¡Mis rótulas
parecen haberse resentido por el golpe! Los que están muy adelante ponen su mano sobre los hombros de los videntes.
Pongo la mía sobre el brazo de Vicka.
Había leído en un libro que los videntes en éxtasis se vuelven completamente insensibles al dolor y tan
pesados como bloques de piedra. Nadie me está mirando..., pellizco a Vicka..., cada vez más fuerte...
¡Ninguna reacción! ¡Bah, los faquires también se clavan agujas en el cuerpo! Entonces la empujo...,
primero suavemente (¿qué tal si cayéramos los dos boca abajo?) ¡Nada...! Me afianzo bien, los
glúteos sobre los talones. Vicka está orando "a 45 grados", sin ningún equilibrio, y la
empujo con toda la fuerza de mis ochenta kilos. Entonces se produce un verdadero encuentro con lo sobrenatural. Es como si
yo tratara de mover un bloque de granito, y sin embargo quien está delante de mí es sólo una adolescente.
Me da escalofríos... ¡Algo está pasando aquí...!
Miro discretamente a mi alrededor y siento la paz de este lugar en forma tan real, que casi la puedo tocar. Le pido a Dios una
vez más que me proteja; quizás estoy pasando al lado de lo esencial. Por primera vez en mi vida, le oro a la Virgen.
-Si tú estás aquí, si estás en el plan de Dios, ¡demuéstramelo! ¡Que lo sepa con certeza!
Levanto los ojos hacia ese punto, encima de la mesa, que tanto fascina a los videntes.
 Una luz aparece, como un rayo de sol atravesando una ventana, pero del ancho de un árbol joven. Veo ese rayo bajar
tímidamente hacia mí y penetrar en mi corazón. Apenas el rayo de luz toca mi pecho, siento todos mis
temores diluirse y desvanecerse. Nunca antes había sentido una plenitud tan profunda. Todo mi ser se disuelve en un
baño de dulzura, de amor. Sólo existe esta ternura envolvente. Y yo hubiera podido morir..., de puro amor...
Vuelvo en mí en el sendero, cerca de la carpa. Alex me mira y dice frunciendo el ceño:
-¿Qué te pasa? ¡Parece que tu rostro irradia luz!
Tres... Necesité tres meses para aterrizar. Tres meses en que todo era tan fácil: orar, amar, morir.
Me he reconciliado con la Iglesia, con María y conmigo mismo. Pierre se convirtió y es ahora responsable de
un grupo de jóvenes cristianos.
¡Gloria a Dios!
Mensaje del 25 de febrero de 1990
Queridos hijos, los invito al abandono en Dios. En este tiempo, deseo particularmente que renuncien a aquellas cosas a las que se
encuentran apegados, pero que perjudican su vida espiritual. Así, hijitos, decídanse enteramente por Dios y
no permitan que Satanás penetre en sus vidas a través de esas cosas que les hacen daño, a ustedes y a
su vida espiritual.
Hijitos, Dios se ofrece enteramente a ustedes, pero sólo en la oración podrán descubrirlo y conocerlo.
Por lo tanto, ¡decídanse por la oración! Gracias por haber respondido a mi llamado.
Soy el segundo Cura de Ars
Aquella mañana, en Medjugorje, yo estaba dando una charla a unos peregrinos franceses, en
una salita de video contigua a la capilla de la Adoración. Habiendo desarrollado ampliamente el tema del llamado a la
santidad hecho al mundo por la Santísima Virgen, dije para mis adentros: "Ahora ellos necesitan un ejemplo muy
llamativo, algo que recuerden fácilmente..." Y me vino a la mente una anécdota sobre la vida del Cura
de Ars (santo francés).
-Todos ustedes conocen al santo Cura de Ars. Saben cómo él atraía
a los más grandes pecadores del mundo y los encaminaba nuevamente hacia Dios. Su santidad era muy grande, y las
numerosas victorias que obtenía para las almas irritaban enormemente a Satanás. Aquel venía con
frecuencia para atormentarlo, con el fin de hacerle abandonar su labor. Aun de noche, le impedía dormir con sus sarcasmos,
trataba de quemarle la cama... Un día en que el santo Cura le había arrebatado nuevamente un buen número
de almas, Satanás no se contuvo más y, furioso, le hizo esta confidencia: "Si en Francia yo encontrara aunque
fuera sólo tres personas como tú, no podría ni pisar allí!" ¿Quiere decir entonces
que tres grandes santos como el Cura de Ars le hubieran impedido a Satanás llevar a cabo su siniestra tarea en Francia?
¡Pues qué inimaginable poder reviste la santidad de un solo hombre! ¿Un santo es más poderoso
para su país y para el mundo que un presidente? Sí, pero en Francia no existían los otros dos santos
que hubieran podido completar su protección.
Y, mirando al grupo frente a mí, me atreví a decir:
-¿Quiénes entre ustedes quieren ser estos dos santos que hacen falta?
Consternación general. ¡Nadie esperaba tal llamado! Como yo aguardaba alguna reacción, mostrando
claramente que no proseguiría con mi charla antes de ver dos dedos levantarse, advertí en primera fila a dos voluntarias.
-¡Yo, hermana, yo!
-¡Y yo también!
¡Dos niñitas de siete y ocho años aceptaban el desafío! Ellas serían las dos santas indispensables
para Francia. Tragué saliva para no llorar... ¿Tendrán que ser ellos, los niños, quienes respondan desde
su tierno y puro corazón?
Después de la conferencia, les expliqué cómo volverse santas y qué feliz estaba la Gospa con su
decisión; cómo ella las iba a ayudar, día tras día, sin abandonarlas jamás, y cuán generoso
y precioso, infinitamente precioso, era su Sí para ella. Las niñas tomaron juntamente el compromiso de vivir los mensajes y
de ayudarse mutuamente para ello. Y se fueron...
Tres años más tarde, yo daba una conferencia cerca de Niza, en Francia. Una gran muchedumbre se había congregado.
Mientras probaba el micrófono antes de comenzar, sentí una manito que tironeaba mi hábito. Al darme vuelta,
vi una carita de diez años que, sonriéndome de oreja a oreja, me decía:
-Hermana, ¿se acuerda de mí? ¡Soy el segundo Cura de Ars!
¡Cómo podría no recordar! Nuevamente se me cerró la garganta y a duras penas contuve las lágrimas.
-¡Oh, fantástico! -dije a la ligera.
-Y a ella, hermana, ¿la reconoce? ¡Es el tercer Cura de Ars!
¡Esas dulces niñitas habían cumplido su promesa a la Santísima Virgen, contra viento y marea, y
tres años más tarde venían a contármelo con orgullo!
-Es duro -me dijo una de ellas después de la conferencia-, sobre todo en la escuela. Muchos se burlan de nosotras. Pero no
cedemos; sentimos que la Santísima Virgen nos ayuda. ¡Es fantástico! A propósito hermana, quiero
preguntarle algo. El otro día, un chico directamente me insultó frente a todo el mundo, y encima con maldad.
¿Cree usted que obtendré la corona del martirio?
El Reino de los Cielos pertenece a los niños y a quienes se asemejan a ellos.
La pequeña Sophie me sigue escribiendo. Ella tiene en mente una posible vocación. ¡Oremos todos por ella! Y
Mensaje del 25 de marzo de 1990
Queridos hijos, estoy con ustedes, aunque no tengan conciencia de ello. Deseo protegerlos de todo lo que Satanás les ofrece
y a través de lo cual quiere destruirlos. De la misma manera en que llevé a Jesús en mi seno, hijitos, quiero
llevarlos también a ustedes hacia la santidad.
Dios quiere salvarlos y les envía mensajes a través de los hombres, de la naturaleza, y de muchos otros medios,
que ciertamente pueden ayudarlos a comprender que deben cambiar el rumbo de sus vidas. Por lo tanto, hijitos, comprendan
también la grandeza del don que Dios les da por mi intermedio, para que yo pueda protegerlos con mi manto y conducirlos
hacia el gozo de la vida. Gracias por haber respondido a mi llamado.
La Cruz Azul
Esta noche, nuevamente reunidos alrededor de un enorme plato de spaghettis preparados por Marija, escuchamos su relato:
-¡Es increíble lo que algunos guías pueden inventar acerca de los acontecimientos de los primeros días!
Escuchen esto, por ejemplo: hace poco un peregrino me preguntó si verdaderamente la Gospa había elegido personalmente
el color de la Cruz Azul. ¡Imagínense!
"Buena introducción", pienso yo. "Vamos a tener novedades..."
-Lo de la Cruz Azul -prosigue Marija-, comenzó en realidad cuando la milicia prohibió a la gente subir a la colina.
Nosotros (los videntes) pasábamos por allí cuando, de repente, la Gospa se nos apareció.
¡Algo totalmente inesperado! Entonces oramos y cantamos. En ese preciso momento, los milicianos nos estaban buscando,
recorriendo toda aquella zona, muy enojados. Pasaron por allí, muy cerca de nosotros, pero parecía que estaban ciegos.
¡No nos veían! ¡Tampoco oían nuestros cantos! Era verdaderamente increíble: caminaban y
hablaban entre ellos como si no estuviéramos allí, y sin embargo estábamos cantando a unos pocos metros de distancia.
A partir de ese día, la Gospa se nos apareció en ese lugar con mucha frecuencia, pero la milicia nunca nos
encontró. Era algo así como nuestro refugio. Un día, alguien erigió allí una cruz y la pintó
de azul. Entonces empezamos a decir: "Vamos a la Cruz Azul". ¡Pero no fue la Gospa quien eligió ese color...!
El pequeño Michaele Maria se pone a llorar y Marija se levanta para darle de mamar. Para ella, todo pertenece a una misma y
única realidad: ver a la Gospa, amamantar como ella a su hijo... Marija pasa de una preocupación a otra con la
facilidad propia de los corazones puros.
-Pocos peregrinos conocen la Cruz Azul, pero deberíamos alentarlos a ir allí para orar -dice ella-. Es un lugar elegido por la Gospa.
Sí, Marija tiene razón. Y la Cruz Azul pertenece a esos lugares característicos elegidos por
María: ¡no hay nada allí! Quiero decir, nada de extraordinario. Situado a algunos metros más allá
del camino que bordea la colina, ese sitio de numerosas apariciones (¡centenares!) transmite la humildad del paisaje local: algunas
piedras que sobresalen de la tierra roja, unos pocos arbustos demasiado endebles para protegernos del sol, unos cuantos matorrales espinosos
que hacen difícil moverse sin sentir algún pinchazo, y en el suelo, casi ninguna superficie lo suficientemente lisa como para
poder arrodillarse sin perder el equilibrio.
La Cruz Azul nunca dejó de ser visitada por María, ya que el grupo de oración de Ivan se reúne allí
con frecuencia, los martes y los viernes a la noche. Yo soy testigo de grandes gracias derramadas en ese lugar, tanto sobre los peregrinos
como sobre mí. Cuando tengo un peso en el corazón, voy allí y regreso siempre reconfortada y en paz.
Cierta noche, una muchedumbre se había reunido alrededor de Ivan frente a la Cruz Azul, y una oración fervorosa ascendía
al Cielo. Súbitamente, las voces se silenciaron. La Madre de Dios estaba allí frente a nosotros. Reinaba una gran calma, como
en toda aparición. Tres minutos se sucedieron así, cuando de repente un ruido de desmoronamiento rompió el silencio.
Cuchicheos..., agitación por allá a la izquierda... ¿Qué estaba pasando?
Una jovencita me cuenta la historia. No creyente, y naturalmente no practicante, ella vivía como todos los jóvenes franceses
de su edad, sin preocuparse mucho por ese Dios lejano de quien nadie le hablaba. ¿El catecismo? Hacía añares que
lo había olvidado. Sólo su abuela seguía yendo a misa los domingos. "Oh, hay que dejarla... Se está
poniendo vieja... ¡Si es lo que a ella le gusta, no vamos a contrariarla!"
He aquí que la abuela decide ir a Medjugorje, ¡en autobús...! Ella con tan mala salud... ¡Pero es algo que desea
tanto! Propone entonces a su nieta que la acompañe. El compromiso es el siguiente:
-Yo te pago el viaje. Ya verás, Yugoslavia es muy hermosa y, en cambio, tú te ocuparás de mí.
La ilusión de conocer Yugoslavia produce su efecto. ¡Trato hecho!
Una noche, Valérie acompaña a su abuela a la Cruz Azul. Ella sabe que toda esa gente allí está orando y
espera la llegada de la Virgen..., pero ella no espera absolutamente nada. ¡Esos son puros cuentos! La abuela está de pie porque
no puede arrodillarse, y la nieta se encuentra detrás de algunas personas que le impiden ver. Tan pronto la asamblea queda en
perfecto silencio, Valérie ve a la Santísima Virgen. Ella mira..., y mira... ¡Sí, verdaderamente es la
Santísima Virgen en persona! Aquí está ella; vino y sonríe con una sonrisa que no es de este mundo.
Dos minutos pasan así. La joven decide entonces que quiere verla todavía mejor y sube sobre una piedra que encuentra
por casualidad contra el murito. Imposible no dejar escapar algunas exclamaciones, aun discretas. La abuela comprende entonces que su
nieta "debe estar viendo algo" y tiene la mala idea de tratar de pararse ella también sobre la piedra... Entonces se
produce el desmoronamiento ¡y las dos caen al suelo...!
-Cuando pude pararme -me dice la chica-, la Santísima Virgen no estaba más allí; todo había terminado.
Y, con una expresión casi de culpa, agrega:
-Pero, hermana, dígame: ¿por qué se me apareció a mí y no a alguien más, siendo que
todos ustedes eran quienes venían para orarle a ella?
-¡Quizás sea precisamente por eso! Tú eras la única que no oraba, que ni siquiera la esperaba. Ella te buscaba
hacía tiempo; entonces anoche quiso que tú la encontraras. Ella es tu madre, y no te dejará nunca más, ¿sabes?
-¡Yo tampoco la dejaré jamás! Si usted hubiera visto, hermana, qué hermosa era, ¡pero qué hermosa! Y
Mensaje del 25 de abril de 1990
Queridos hijos, hoy los invito a aceptar y a vivir con seriedad mis mensajes. Estoy con ustedes y quisiera, queridos hijos, que cada uno estuviera
lo más cerca posible de mi corazón. Por lo tanto, hijitos, oren y procuren hacer la voluntad de Dios en su vida diaria.
Deseo que cada uno descubra el camino de la santidad y crezca en ella hasta la eternidad. Oraré e intercederé por ustedes ante
Dios para que comprendan la grandeza del don que él me da al permitirme estar con ustedes. Gracias por haber respondido a mi llamado.
Francia está llamada
A la edad de catorce años, una fuerte inspiración ocupaba sus pensamientos: "Salvar a Francia". Una
verdadera alma gemela de Juana de Arco, llamada Florence de Gardelle. Pero esta fantasía de adolescente tuvo
corta vida, pues muy pronto ella le dio a Dios el lugar que le reserva todavía la aplastante mayoría de los
franceses: el último. O mejor dicho: ningún lugar. Y adoptó los usos y costumbres de su familia. ¿Dios? ¡Ni idea!
Florence se casa con Bernard, quien asiste a misa los domingos e insiste con su presencia a su lado en la iglesia, "para dar
el ejemplo a los niños..." Pero ella no participa en las oraciones; sólo cumple con esa fastidiosa tarea,
a la espera del Ite Missa est para poder irse volando. ¿Cuál es el centro de su vida? El baile, el bridge, el teatro...
¡Oh, nada muy malo!, pero al fin y al cabo... "la vida mundana". ¡Y los niños no están muy felices!
Florence es tímida y reservada, pero ocupa un buen puesto en IBM y se desempeña muy bien. A mediados
de noviembre de 1987, se encuentra con su amiga Rosemonde que acaba de volver de Yugoslavia y le relata su viaje. Ese
día, la Gospa logra, por primera vez, "asomarse" a la casa de los Gardelle. Florence toma el libro que
Rosemonde le ha dejado: Medjugorje, relatos y mensajes, del padre René Laurentin. ¡Ella lo devora y termina
de leerlo esa misma noche! Antes del alba la decisión está tomada: "¡Tengo que irme inmediatamente para allá! ¡De cualquier forma!" El llamado es irresistible...
Durante los días siguientes, ella averigua y averigua... ¡Ningún sacerdote sabe informarle al respecto!
¡Nada en los diarios! ¡Y además ese lugar es totalmente desconocido por las agencias de viaje!
-¿Medjugorje? ¡Ah, no! ¡Ese nombre no figura en ninguna parte!
Pero Florence no se deja vencer y "desembarca" en Medjugorje a principios de diciembre, con un pequeño
grupo de peregrinos.
Ninguna calefacción en el albergue croata; uno se congela tanto adentro como afuera, ¡y hasta en la
misma iglesia! Durante cinco días no para de llover. Florence y su grupo deambulan sin guía.
El tiempo parece detenerse y tratan de matarlo haciendo caminatas en el lodo... ¡En verdad, todos se
preguntan qué han venido a hacer a ese pueblucho! En su ingenuidad, Florence pensaba que vería
a la Virgen. ¡La ha estado esperando en vano durante cinco días! El último día
deciden ir a la casa de Marija, y ella y sus amigos se unen a unos americanos que, por suerte, habían
hecho una cita con la vidente. Llueve a cántaros. Todo el mundo está amontonado en el
diminuto patio de la casa de Marija, protegida bajo el inmenso paraguas del intérprete. Florence está
fascinada por el relato de Marija. Al dispersarse el grupo, ella no mueve ni un dedo, ¡está
literalmente clavada al suelo!
La luz del día se desvanece rápidamente; ya cae la noche. Como de costumbre, Marija se apresta
a subir la escalerita para volver a su casa, pero de repente se para en seco sobre un peldaño. Y,
dándose vuelta hacia Florence, a quien nunca ha visto en su vida, le dice mirándola fijamente:
-La Gospa dice que hay pocos franceses en Medjugorje, pero que ustedes, los que están aquí
, recibirán grandes gracias, y que cuando retornen a sus hogares les serán dadas nuevas y
copiosas gracias, ¡porque ustedes están llamados!
Acto seguido, Marija se va. (Aún hoy en día sus palabras retumban en los oídos de
Florence, como si acabara de oírlas.)
¡Florence y sus amigos se quedan mudos de asombro! Ya muy conmovidos por los mensajes transmitidos
por Marija, nuestros pobres francesitos aislados en esa marea americano-germano-italiana se ven ahora gratificados con un mensaje especial para ellos. Florence se pone a llorar y calla. Todavía con lágrimas en los ojos, toma el avión de regreso. Bernard la espera en Niza.
-¿Y? -pregunta él en el auto.
Entonces Florence, la taciturna, se embarca en un asombroso relato acerca de la Santísima Virgen,
Marija, los mensajes, y ese extraordinario y único momento de la víspera... ¡Bernard
no reconoce más a su mujer que ya se volvió tan locuaz que ni siquiera le deja decir una
sola palabra! Durante el relato Florence vuelve a vivir toda la abundancia de gracias recibidas en la casa de
Marija, ese río de inefable paz que invade todo el corazón hasta hacerlo estallar de gozo. Y
llorando a mares comparte su experiencia con su marido. El auto se detiene frente a la casa, pero ni Bernard
ni Florence logran bajarse. Bernard se contagia de las lágrimas de su mujer, algo nunca visto en esa
pareja más bien reservada. Hombro a hombro, los dos sollozan largamente. Ese día, la Gospa
"entra" en el hogar de los Gardelle.
Florence se ha dado vuelta como un panqueque, a tal punto que está irreconocible. ¡Ya nadie la
calla! Sólo habla de Medjugorje y es difícil escapar de sus relatos. Lo más sorprendente
es que no la toman por iluminada. Todos, creyentes o ateos, quedan absortos con su testimonio... La gracia fluye y
toca los corazones. Las reuniones mundanas son substituidas por encuentros sobre Medjugorje, y la Gospa
comienza a "arrasar" en Niza. La gente menos pensada dice ahora: "¡Queremos
ir allá!" Hasta el día en que Gaëtan, el más recalcitrante de los "duros de
roer", que rechazaba firmemente toda tentativa pro-Medjugorje de su mujer, Gaëtan, el irreductible del
"¡Niet!", le dice de repente a Florence:
-Florence, ¿y si organizáramos un autobús?
él es quien inaugura las peregrinaciones del suroeste de Francia a Medjugorje, ya que Florence necesitaba
de su apoyo para "poner en marcha la máquina". Y los fioretti1Â se multiplican en todas esas
familias tocadas por Medjugorje. Ya ni se cuentan los milagros de la Gospa: ¡desde sanaciones de
drogadicción y alcoholismo, reconciliación de parejas divorciadas y familias desunidas,
hasta delicadezas de orden puramente material!
Un joven, que preocupaba mucho a sus padres, se fuga una noche por la ventana. Los quince días siguientes
fueron de una terrible angustia para ellos, ya que ignoraban que su fuga lo había llevado a... ¡Medjugorje! Pero después de dos semanas allí, este joven se quedó sin un centavo. Se entera entonces de que un auto está por volver a Francia, pero la buena gente que ofrece llevarlo no se encuentra en mejores condiciones que él: sólo les queda lo suficiente para llenar un tanque de combustible. Los ocupantes del auto oran y parten. Ese tanque de gasolina, que a duras penas hubiera alcanzado para ir un poquito más allá de Zadar, ¡los llevó hasta las orillas del Loire, lugar de su residencia! El joven está ahora encaminándose al sacerdocio...
Bertrand, el hijo de Florence, frecuentaba más las discotecas que las iglesias. Un día su madre
le anuncia que está por irse a Medjugorje.
-¡A mí me gustaría ir con ustedes!
-Sabes, Bertrand, ¡en Medjugorje no hay discotecas...!
Pero a la hora prevista, Bertrand está listo para partir. En Medjugorje el joven sufre como un alma en pena,
hasta el momento en que escucha hablar al padre Jozo y siente la presencia de la Virgen. Se produce entonces en él un primer "clic".
La última noche, Bertrand decide subir al Krizevac con un amigo. Al llegar a la cruz, nueva
experiencia: él ve tres flashes de luz2.
-¡Nunca más tendré miedo!- le dice a su madre al día siguiente.
La cuñada de Florence está transformada. Sólo piensa en hacer conocer a la
Santísima Virgen y organiza un charter para Medjugorje. ¡Sus cenas mundanas son ahora
reemplazadas por cenas-video, durante las cuales sus convidados descubren Medjugorje en 60 minutos, antes
de sentarse a la mesa!
Uno de los frutos más hermosos de las peregrinaciones es el florecimiento de las vocaciones.
¡Los autobuses para Medjugorje se han transformado en sorprendentes "viveros" de vocaciones!
Florence supo apelar a los buenos sentimientos del Señor. Desde el principio, ella le dijo:
-En cada viaje el Maligno trata de ponernos trabas. Tú sabes cómo a veces tenemos que
pelear contra él. Puedes contar conmigo; yo no me voy a desanimar, pero en cambio te pido cuatro
vocaciones por autobús.
¡Y las obtiene! Si parten varios autobuses, ella aumenta la apuesta. Ya no se cuentan las vocaciones
que han germinado en Medjugorje. Por otra parte, este santo chantaje, digno de las mujeres de la Biblia, ha
hecho escuela, y el Señor demuestra ser muy dócil a la hora de negociar...
¡Yo creo que estos nuevos "extorsionistas" han encontrado una buena veta!
¿Resultado? Los franceses son ahora los más numerosos entre los peregrinos de Medjugorje.
Me es difícil evocar aquello sin que se me humedezcan los ojos, porque veo allí los albores
de la resurrección de mi país, profetizada por Marthe Robin en 1936 al padre Finet:
"Francia caerá muy bajo, más bajo que las otras naciones, a causa de su orgullo (...). Ya
no quedará nada. Pero en su gran aflicción, ella se acordará de Dios y gritará
hacia él, y será la Santísima Virgen la que vendrá para salvarla.
Francia volverá a encontrar entonces su vocación de hija mayor de la Iglesia; ella será
el lugar de la más grande efusión del Espíritu y enviará nuevamente misioneros
al mundo entero3".Â
En esa "Santísima Virgen que vendrá para salvar a Francia" de su trágico
desierto espiritual4, ¿no podríamos reconocer a la Gospa de Medjugorje?5. ¿Cómo
no abrir los ojos sobre esta magnífica labor de la Reina de la Paz, que restaura desde el interior el tejido de
la cristiandad francesa, minada por el príncipe de las falsas luces y de las sociedades secretas que torpedean
los mandamientos de Dios con total legalidad?
La Gospa nos reserva todavía muchas sorpresas, porque nada detendrá ahora la realización
de su plan para ese país. El Maligno quiso perderlo, matando el amor con el orgullo. La Gospa está
devolviéndole la vida con la resurrección de los corazones. ¡Nuestros ojos lo atestiguan!
Mensaje del 25 de mayo de 1990
Queridos hijos, los invito a decidirse seriamente a vivir esta novena. Consagren tiempo a la oración y al
sacrificio. Estoy con ustedes y deseo ayudarlos a crecer en la renuncia y la mortificación, para que puedan
comprender la belleza de la vida de quienes se dan a mí de manera particular.
Queridos hijos, Dios los bendice día a día y desea la transformación de sus vidas.
Por lo tanto, oren para tener la fuerza de cambiar de vida. Gracias por haber respondido a mi llamado.
El Podbrdo de noche
Esta noche nuevamente, Marija nos cuenta acerca de las primeras apariciones:
-La Gospa nos pedía con frecuencia que oráramos por sus intenciones y por los planes que estaba
realizando. Cierto día, ella nos pidió que hiciéramos una gran novena por algo muy
importante e invitó a todo el pueblo a ir a la colina de las apariciones para orar allí, entre las dos
y las tres de la mañana, durante nueve noches. Gran parte del pueblo respondió. Cada noche la
Virgen se nos aparecía (a nosotros, los videntes) y durante la novena noche sucedió algo increíble.
Mientras estábamos en éxtasis, los aldeanos contemplaban cómo las estrellas caían del
cielo y se dirigían hacia donde estaba la Virgen, como si su presencia les sirviera de imán.
Las estrellas se deslizaban sobre ella, cubriéndola con un manto de luz, y caían a tierra. Al tocar
el suelo, estas rebotaban hacia el cielo y se multiplicaban al infinito. La gente, al ver las estrellas caer del cielo,
empezó a tener mucho miedo, y algunas personas gritaban2 diciendo: "¡Es el fin del mundo!
¡Es el fin del mundo!". Tenían tanto miedo que se quedaron orando toda la noche en la colina.
Pero nosotros, los videntes, no habíamos visto nada, puesto que durante la aparición la Gospa se
había presentado de la misma forma en que aparece cada día, y no habíamos visto ni el
cielo, ni las estrellas, ni nada de lo que ocurría a nuestro alrededor. Después del éxtasis,
los aldeanos nos contaron todo.
Nos alegramos entonces muchísimo, porque en aquella época la milicia nos amenazaba constantemente
con encarcelarnos. Nosotros pensamos: "Muy bien, cuando estemos en la cárcel, todo el pueblo podrá
a su vez dar testimonio de lo que la Gospa realiza aquí. ¡Ahora ella tiene nuevos testigos!" Y
Mensaje del 25 de junio de 1990
(9º aniversario de las apariciones)
Queridos hijos, hoy quiero agradecerles por todos sus sacrificios y todas sus oraciones. Los bendigo con mi bendición
especial de madre. Los llamo a todos a que se decidan por Dios y a que descubran día a día su voluntad
en la oración.
Queridos hijos, quiero invitarlos a todos a una conversión total, a fin de que la alegría esté en
sus corazones. Estoy feliz de verlos tan numerosos hoy aquí. Gracias por haber respondido a mi llamado.
Las criaturas de Tetka
Tetka inició su oficio de pastora a la edad de siete años y nunca más lo abandonó.
Ella pertenece a esa raza noble y sólida que la Gospa ha elegido en Medjugorje, cuya fe es auténtica,
porque "Dios es Dios". Su corazón vibra constantemente al unísono con la naturaleza y
con el Creador. Conoce a cada una de sus cuarenta ovejas por su nombre, como conoce cada piedra, cada matorral, cada
rincón del valle de Medjugorje. Hoy en día, todavía podemos encontrarla sentada sobre una
piedra en las proximidades de Sivric, hilando lana al ritmo del rosario, mientras cuida su rebaño con ojo solícito.
Cada tarde, cuando se acerca la hora de la misa, ella se embellece toda para ir a la iglesia caminando por esos pequeños
senderos llenos de piedritas que serpentean en medio de los campos. Nada la detiene, ni el hielo que recubre los caminos,
ni el "burá", ese viento helado de mil demonios que sopla en invierno, ni los intensos calores del mes
de julio, porque su verdadero techo es el cielo y su única seguridad es caminar hacia Dios.
Me encanta su compañía y su rostro lleno de luz bastaría para hacernos comprender por qué
la Gospa eligió este pueblito. Nada de teología, nada de sutileza en el lenguaje, ningún conocimiento
libresco, sino siglos de humilde escucha del murmullo de Dios en sus corazones. Porque para este pueblo que ha regado los valles
de Herzegovina con sus lágrimas y con su sangre, Dios es el único gran amigo, el amigo con quien se puede
contar, el Dios cuyo Credo resistió a la doctrina de Mahoma y a la de Marx.
Junto a ella aprendo cosas de Dios mejor que en los monasterios, porque todo se vuelve simple y cristalino. Como todos los
croatas de por aquí, ella habla de las cosas más tiernas con los decibeles de un general que estuviera
arengando un ejército listo para la batalla. ¡Esto es parte de su encanto! La avalancha de peregrinos que
ha invadido sus dominios no cambió en nada sus costumbres. Naturalmente, muchas cosas de toda esa gente
extraña la sorprenden, pero sospecho que ella debe darle gracias a Dios por ser la más feliz de todas las
mujeres cuidando su rebaño lejos de un mundo que no sabe distinguir entre su derecha y su izquierda.
Tetka vive con sus sobrinos Petar, Anka y Mladen, grandes amigos míos. Un día, Petar me dice:
-Sister, varias ovejas se han enfermado y van a morir. Tememos que todo el rebaño esté contaminado...
Afligida con la noticia, dije dos o tres palabras banales para demostrar mi tristeza, cuando un repentino fulgor
atravesó mi pobre mente. Me acordé en efecto de un mensaje de la Gospa en el cual ella nos
pide transmitir su bendición especial y maternal a todas las criaturas (25/12/88). Yo me había
preguntado muchas veces: ¿qué querrá decir todas las criaturas? ¿Estarán
los animales incluidos también?
Para esa familia perder todo un rebaño sería catastrófico, y este no era el momento
de ponerme a elaborar minuciosos análisis exegéticos... Había que actuar y ¡rápidamente!
-Petar -le digo para hacerlo reaccionar-, la solución a tu problema está una vez más
en manos de la Gospa, de acuerdo a su mensaje sobre la "bendición especial y maternal"...
¿La expresión de Petar?: ¿o®ÃsF!!AU??
No era de extrañar, ¡él ignoraba todo sobre este mensaje! Hubiera sido una lástima
perder la oportunidad de hacerle una broma. Le dije entonces con aire ofuscado:
-¿Cómo? Tú, un croata nacido en Medjugorje, ¿no conoces este mensaje?
¿Una extranjera tiene que venir a contarte lo que la Gospa les dijo a ustedes, en su idioma, en su aldea?
Comprendí por su sonrisa que yo había dado en el blanco y que Petar nunca más
olvidaría el famoso mensaje que iba a revelarle:
-La Virgen ha dicho: (...) Hoy les doy mi bendición especial, para que la lleven a toda criatura, a fin
de que reciba la paz. Gracias por haber respondido a mi llamado.
-Y cuando ella habla de las "criaturas", con certeza (prometí verificar con Marija) incluye a los animales.
Esto quiere decir que irás a ver a tu rebaño y que orarás para que reciba la bendición de la Gospa...
¿La expresión de Petar, nuevamente?: ¿o®esu!!AU??
¡Ya lo sabía! Esto no estaba incluido en sus costumbres... ¡Y uno no cambia de un momento a
otro las costumbres de un campesino de Herzegovina!
-Sister, yo prefiero que tú lo hagas. Eres una monja, ¡funcionará mejor contigo!
¡De acuerdo! Le prometí volver por la tarde con mis hermanos y hermanas. Llegada la hora, Tetka
sacó los animales de la granja, y nosotros seis, todos extranjeros, nos pusimos a orar. Era la primera vez
que oraba por unas cositas lanudas en lugar de seres humanos, pero sentí la alegría del Creador
en medio de nosotros, y todo se hizo con una sencillez muy infantil. Le expliqué a Petar que la Gospa no
había indicado fórmula o gestos particulares para esa bendición y que se podía
orar con el corazón, como uno quería.
Debemos reconocer que las ovejas enfermas sanaron todas muy rápidamente y que el rebaño no
se ha vuelto a enfermar durante los últimos años. Probablemente Petar y Tetka han continuado
transmitiendo en secreto (¡ellos son muy reservados para estas cosas!) a sus animalitos la bendición de la Reina del Universo. Y
Mensaje del 25 de julio de 1990
 Queridos hijos, hoy los invito a la paz. Vine aquí como Reina de la Paz y quiero enriquecerlos con mi paz
maternal. Queridos hijos, los amo y quisiera llevarlos a todos a esa paz que sólo Dios puede dar y que
enriquece cada corazón. Los invito a que se conviertan en portadores y testigos de mi paz en este mundo
sin paz. Que la paz reine en el mundo entero, porque este mundo está inquieto y desea la paz. Los bendigo
con mi bendición maternal. Gracias por haber respondido a mi llamado.
Algo nos esconde el Tío Victor
Estamos en primavera de 1995. Tío Victor no tiene el menor interés en acompañar a su
mujer a Medjugorje. ¡Prefiere cuidar su jardín! Es cierto que desde su primera peregrinación,
hace un año, la piadosa Ginette no deja de acosarlo para que vaya a convertirse a los pies de la Gospa.
Mientras él protesta: "¿Convertirme yo...?, ¿y qué más...?",
Ginette, muy emprendedora, descubre un día una casa en venta, más pequeña y por
consiguiente más práctica para estos dos jubilados. ¿Por qué no mudarse de casa?
¿Abandonar su tan amado jardín? ¡Ah, no! ¡Esto ya es demasiado para tío Victor...!
Pero finalmente él cede ante el chantaje de Ginette:
-Si vienes en peregrinación conmigo, te lo prometo, ¡no nos mudaremos de casa!
 ¡Su jardín bien vale un sacrificio! De más o menos buena gana (en verdad más bien
menos que más) Victor acepta ir con ella en peregrinación. ¡Pero qué
peregrinación! ¡En Bosnia-Herzegovina!
-Tenemos a Lourdes en nuestro país, Paray-le-Monial, Lisieux... ¿Qué necesidad tienes
tú de ir a Bosnia-Herzegovina? ¡¿Por qué no ir al Kazakhstan Oriental o a la Sierra
Nevada, ya que estamos?!
Con mucha valentía, tío Victor se embarca en el coche-cama con un grupo de peregrinos de Nantes.
Por suerte, el guía, comprensivo y muy gracioso, no los aburre con devociones interminables. él
conoce a su gente: no mucha oración ni mucho ayuno a la ida, porque con frecuencia le tocan otros tíos
Victor, y sabe que la Gospa tiene muchas maneras para hablarles al corazón. Ya en Medjugorje, el tío
se queda un poco a la retaguardia y observa el desarrollo de las operaciones, no sin hacer alguna que otra reflexión,
como para diferenciarse de los demás y obtener la reacción de su auditorio. Pero él sigue
al grupo a todas partes y se presta, sin rezongar demasiado, a las misas diarias, rosarios, vía crucis, visita
a los videntes; incluso a la subida a la colina de las apariciones, el último día.
Ginette, que temía lo peor, se extraña. ¡Pero tanto mejor! La Virgen parece estar escuchando
en algo sus oraciones. Sin embargo, aun antes del regreso, ella se pregunta qué puede estar
sucediéndole a su marido: tío Victor parece raro; ya no es el mismo de siempre... Y de manera
totalmente inesperada, él le declara a su estupefacta mujer: "¡Me gustaría volver
el año próximo!"
¡Oh! ¡Algo está pasando! Ginette acecha, observa, escudriña, espera, vigila...
No se atreve a preguntar, pero se muere de ganas de saber. Tan pronto llega a casa, tío Victor toma el
teléfono y convoca a sus hijos para el domingo siguiente; él tiene, les adelanta, algo que anunciarles,
cuando estén todos reunidos.
Aparentemente Ginette no tiene el derecho de conocer el secreto antes de la hora X, cuando los hijos rodeen
al padre. Todas las alternativas posibles e imaginables pasan entonces por su mente y ella se torna más
y más intrigada. Además, el tío ha cambiado: ya no la "manda a pasear"
por cualquier cosa; está pensativo, silencioso. ¡Hasta su jardín no tiene ahora tanta
importancia para él! ¡Seguramente algo está tramando!
Ginette no entiende más nada. Ella que en su familia siempre se había sentido investida con
el "ministerio de la palabra" se queda ahora callada, aunque difícilmente, pensando:
"¡¿Pero qué tendrá que decirles a los chicos?!"
Ya nada es como antes... "¿Qué es lo que le hicimos a Dios para merecer esto?",
le confía a una amiga. Y no hace más que llorar.
-¿Por qué? -pregunta la amiga-. ¿No les fue bien en la peregrinación?
-¡Pero claro que sí...! ¡Al contrario!
Y ella explica que si llora, ¡esta vez es de alegría y agradecimiento!
Los vecinos preguntan:
-¿Qué le ha pasado a su marido? ¡No lo reconocemos!
Incluso la nietita de siete años, traviesa como ella sola, acorrala a su abuelito en un cuarto y le pregunta
con mucha seriedad: "Abue, dime..., solamente a mí..., ¿qué es lo que te ha
pasado? ¿Te has vuelto loco? ¡No eres el abuelo de antes...!"
A la hora de comer, también todo ha cambiado. Tío Victor nunca tenía hambre. No lograba
ingerir alimentos sólidos y rehusaba siempre el menor bocado. Sólo podía tomar
líquido. ¿Ahora? Pues él ha recuperado totalmente su apetito y devora con ganas todo
lo que su feliz esposa le prepara.
Y, principalmente, él, que hasta entonces vivía recluido en el aislamiento de su jardín,
empieza a proponerle a su mujer llevarla en auto aquí y allá, cuando se presenta la
ocasión, si eso puede ayudarla en algo...
Una mañana, al despertarse, Ginette le dice:
-Victor, ¿qué pasa? Antes nos peleábamos todo el día. Ahora, ¡ya
ni nos hablamos! Y además, ¿¡¿qué tanto tienes que decirles a tus
hijos?!?
Lo que tío Victor tiene que decirles es la clave de su increíble cambio.
Para empezar, tenemos que precisar que dos años atrás la familia había sido
estremecida, más exactamente dislocada, por una gran tragedia. Cada uno de sus miembros
había visto su corazón desgarrarse de dolor. Uno de los hijos de Victor y Ginette, Guy,
de treinta años y papá de una niñita, había muerto brutalmente en un accidente.
Tío Victor le explica a su mujer:
-¿Tú recuerdas, en Medjugorje, el último día, cuando estábamos
en la colina de las apariciones? Yo estaba atrás, como siempre. De repente vi subir desde el pueblo,
en el valle, una pequeña nube cuyos bordes destellaban; ¡destellaban tanto que no podía
separar mi vista de ella! A su alrededor, no había nada más en el cielo. Tú
recordarás que era un día muy despejado. Luego esa nube subió poco a poco hacia mí. Para mi gran sorpresa, esta se paró a un metro aproximadamente del suelo, ¡justo frente a mí! En el interior de la nube había dos personas, o más bien una silueta y una persona. De la silueta, yo no veía la cara... No me preguntes quién era, no lo sé. Pero la segunda persona, envuelta en una especie de velo blanco, era... era...
Tío Victor se desmorona; las lágrimas le impiden continuar. Pero la mamá ya
comprendió todo y Victor le confirma rápidamente:
-¡Era Guy, nuestro hijo! ¡Estaba vivo! ¡Y además me habló! Dijo:
"Papá, soy yo, Guy, tu hijo que no te olvida. ¡Estoy feliz! Diles a todos que oren por
la paz... sobre todo a mi hermano, a mis hermanas y a mi hija." Yo veía que sus pies no
tocaban el suelo. Después de que Guy me hablara, la nube se elevó y se fue hacia el cielo.
¡Ya está! Tío Victor contó su secreto...
-¿Por qué no me lo dijiste antes? -pregunta su mujer profundamente conmovida.
-¡Me hubieran tomado por loco!
El domingo siguiente, los chicos escuchaban a su vez, con gran emoción, el mensaje venido del
Cielo. Viniendo del abuelito, incrédulo y gruñón, ¡el mensaje era más efectivo!
En cuanto a abuelita Ginette, escuchada en su petición, más allá de sus esperanzas, sigue diciendo cada día:
- Señor, ¡¿qué hemos hecho para merecer semejante gracia?! Y